En mi segundo viaje a Japón volvimos a hacer la típica ruta Kyoto-Tokyo, obligatoria para todo turista que vaya por primera vez a Japón, que era el caso de mis cuatro compañeros de viaje. Afortunadamente fuimos días suficientes para visitar más sitios y ver más cosas a parte de estas dos ciudades, además en ellas vimos muchas cosas que me había saltado en mi primera visita, como este robot gigante:
Comenzamos nuestro viaje yendo a Hiroshíma donde lo único que nos pareció merecer la pena visitar, fue el parque memorial de la bomba atómica y el castillo de Hiroshima. Muy cerca de Hiroshima, a poco tiempo en ferry, se encuentra la isla sagrada de Miyajima, donde está prohibido nacer y morir. Allí vimos el santuario con la famosa puerta en el mar y estuvimos dos horas subiendo a la montaña de la isla. Mientras que el templo y los alrededores merecen la pena una visita, la subida a la montaña es más que prescindible.
Parque memorial. Siempre lleno de niños y de turistas. Tranquilo, bonito y aburrido.
El famoso edificio en ruinas. Famoso por ser el único que quedó más o menos en pie tras la bomba nuclear. Allí una amable guía turística nos explicó muchas cosas sobre la explosión de la bomba.
Castillo de Hiroshima. Dentro hay una especie de museo histórico japonés que no está mal. Te dejan disfrazarte de samurai y todo.
La famosa puerta de Miyajima. Cuando baja la marea se puede ir andando hasta ella.
Santuario miyajimeño. Bonito.
La marea baja nos pilló justo en lo alto de la montaña.
La segunda etapa del viaje fue la bonita ciudad de Kyoto donde, a parte de ver los templos típicos, hicimos unos fallidos intentos de encontrar el ambiente nocturno kyotota (que según parece ser, no existe). Por supuesto hicimos la obligatoria visita a Nara con la parada de rigor en el camino de las puertas. Os remito a mi otro viaje para ver más fotos de estos dos sitios.
Cumplida la primera semana de viaje, fuimos a pasar el fin de semana a un pueblecito balneario de estos típicos japoneses en las montañas con aguas termales. El pueblo en cuestión se llamaba Kusatsu, en la prefectura de Gunma, a unos 180 kilómetros al norte de Tokyo. Allí nos juntaríamos con Álvaro, Naoko y el pequeño Yuuhi que aprovecharon para pasar el fin de semana con nosotros y enseñarnos de cerca las costumbres japonesas.
En el humeante pueblo de Kusatsu. Allí fuimos a bañarnos a unos Onsen.

Tras subir al volcán de Kusatsu. Como véis no decíamos que no a nada.
Tras el relajante fin de semana nos dirigimos a Tokyo donde pasaríamos la segunda y última semana del viaje. Visitamos sus distintos centros: Ueno, Akihabara, Asakusa, Shinjuku, Shibuya, Roppongi y para completar incluimos visita a la isla de Odaiba y al buda gigante de Kamakura.
A punto de adentrarnos en el mercadillo de Ueno donde se puede encontrar de todo.
En el ferry que nos llevó desde Asakusa hasta Odaiba. Al fondo el edificio de Fuji TV.
Con el buda gigante de Kamakura. Y no fue el más grande que vimos en el viaje.
Perdidos en Tokyo. Diría que en Shinjuku, pero vete a saber.
Última noche. Naoko y Álvaro nos invitaron a su casa cenar con ellos y el pequeño Yuuhi.
El cometido de Yuuhi fue el repartir unas algas-aperitivo al resto de comensales. Cumplió con eficacia su misión.
A ver si puedo subir pronto un post de delicias culinarias del viaje. Además quedan miles de fotos de visitas y chorradas. Quizás algún día las suba. Permanezcan atentos.
Un saludo.














































