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02 diciembre 2008

Fotos viaje a Bucarest y Rumanía

Como lo prometido es deuda y el post anterior era ya bastante largo, aquí os pongo unas cuantas fotos del viaje a Rumanía con leves comentarios.



Primera foto bucarestina. Se puede apreciar el conglomerado de coches y al fondo el mejor monumento de Bucarest, denominado por nosotros "Mierda pinchá en un palo".


Típicos manojos de cable eléctrico en las farolas de Bucarest. Está toda la ciudad igual.

El Parlamento. Un buen mazacote de de edificio en el centro de la ciudad.

El metro de la muerte. Sólo vimos una estación así, las otras eran normales.

Iglesia de San Nicolás en Brasov. Atentos al cartel tipo Hollywood en lo alto de la montaña.

Uno de los must-see de Rumanía. El carro de caballo. Muy común en las zonas rurales.

Vista de Rasnov desde lo alto de su ciudadela.

Imagen furtiva de un yeti u hombre-oveja.

Pasadizo en el castillo de Drácula, perdón, en el castillo de Bran. De Drácula na de na.

De camino al valle de Moeciu. Aquí la carretera empeoró bastante.

Comprando un queso en el arcén de la carretera. No me preguntéis qué fue de ese queso, es una larga historia.

Indígena cruzando la carretera al estilo rumano. En esta zona el límite de velocidad sería en torno a 100 km/h. Nótese la pasarela al fondo.

Gorrilla profesional. Hasta que no te quita la caja de Coca Cola no puedes aparcar.

Antigua casa típica rumana en el museo de Aldeas Rumanas. Un poco hobbit.

Edificio donde vivía Alina. Bueno, éste o uno similar.

Aperitivos rumanos. Vemos al fondo a Cristi brindando, a su madre preparando la mesa y al padre agarrando fuertemente la botella de Palinka.

Segundo plato. Después del aperitivo y la sopa con albóndigas. Lo naranja son un picadillo de pollo y verduras envueltos en una hoja de col. Lo amarillo es como un puré de trigo, sustituto del pan en este plato. Y la salsa blanca es nata con sabor a ajo.

Carlos poniendo cara de circunstancias durante el tercer plato (pollo con champiñones gigantes, acompañados por sandía y tomates a la vinagreta) cuando el padre servía la n-ésima ronda de chupitos de Palinka.

Juan dándolo todo. No sirvió para nada.

El padre humillando a su hijo después de ganarle el pulso.

Y por último unas normas que había en el metro.

26 noviembre 2008

Crónica del viaje a Bucarest y Rumanía

Hoy quiero hablaros de algo...

Ya estamos de vuelta de un viaje repleto de LOLs, tantos que hubo momentos en que no podíamos procesarlos todos juntos. El viaje da para tanto que he dividido el post en un resumen de nuestras actividades, una recopilación de consejos para el que vaya a viajar a Bucarest o a Rumanía y finalmente una lista de curiosidades.
Antes de empezar quiero avisar de que no tuvimos ningún problema durante el viaje, los rumanos son gente amable y hospitalaria (supongo que habrá de todo) y el concepto de rumano que tenemos en España dista mucho de cómo son la gente que vimos.

Cuanto esté en casa subiré algunas fotos.

Vayamos por partes:

Resumen.
Ya sé que es largo, pero es que fue una semana entera.

Volamos el martes Madrid-Bucarest por 50€ ida y vuelta con Easy-Jet. Al llegar fuimos del aeropuerto de Otopeni hasta el primer hostal en Bucarest, el Midland Youth Hostel 2. No nos gustó. Para empezar nada mas entrar ya estabas molestando a gente que estaba viendo la tele y no había comida gratis. Lo que nos decidió a buscar otra cosa para los siguientes días en Bucarest fueron los congoleños. Ocupaban todo el espacio habitable y estuvimos el poco rato que pasamos en el hostal sin saber dónde ponernos.
Vimos Bucarest durante el día y quedamos para cenar con Alina, que es la novia de un amigo de Juan. Nos invitó el sábado a ir a su casa a comer una típica comida familiar rumana y a beber Palinka con su padre. No pudimos decir que no.

Al día siguiente alquilamos un coche y fuimos a Brasov para pasar tres días en los Cárpatos. La idea de alquilar un coche en Rumanía es muy buena. El coche es barato y la gasolina similar de precio. Las carreteras están mucho mejor de lo que esperábamos, ya que todo el mundo nos dijo que tuviésemos mucho cuidado. Lo único que hay tener en cuenta es que casi siempre hay gente andando o viviendo cerca de la carretera y que los rumanos conducen muy mal.
En Brasov nos hospedamos en el hostal Rolling Stones que no estaba mal, claro que eramos prácticamente los únicos huéspedes (entre semana y a mitad de noviembre) porque de estar lleno no creo que hubiésemos salido muy contentos.

Visitamos los pueblos de Brasov, Rasnov y Bran. Pasamos también por Ploiesti, Sinaia y Moeciu.
Paisajes bonitos, ambiente rural, auténticos carros de caballos rumanos, etc. Mereció la pena.
Hicimos varias excursiones infructuosas como al telecabina de Brasov (estaba roto) y al castillo de Sinaia (estaba cerrado) y bebimos muchas cervezas por pocos lei.

El viernes volvimos a Bucarest. Llegamos por la tarde-noche (nos anochecía a las 5) después de dos horas de atasco a la entrada de la ciudad. Pasamos del primer hostal y reservamos una habitación para tres en un motel cerca de la estación de trenes que en rumano se dice Gara (como el de la arena). Este motel era bastante de mala muerte, pero teníamos habitación para nosotros solos que fue una bendición.
Salimos de noche con Alina y unos amigos. Esa noche fue cuando descubrimos el pub más mítico en que jamás hayamos estado: Excomandant.

El sábado nos llovió. Lejos de amilanarnos decidimos ir a ver el museo de las villas rumanas. Una especie de parque donde hay casas rurales antiguas típicas rumanas de todo el país. Ideal para pasear toda la mañana y disfrutar del buen tiempo. Lástima que tuviésemos que verlo todo en 20 minutos y con un clima adverso, muy adverso en el caso de Juan. Al volver al motel nos estaba esperando con el coche Cristi, hermano de Alina y un tuntante de cuidado, para llevarnos a su casa. Cruzamos Bucares y llegamos a un barrio de antiguos edificios comunistas. La verdad es que merece la pena ir y ver la pinta que tienen. La casa por dentro era otro mundo, como cualquier casa de familia española, pero en vez de la sevillana encima de la tele tenían sus propios adornos rumanos.

La comida.
Sólo por esto mereció la pena el viaje. Como dice Carlos, no sé si es que nos hacemos querer o qué pasa que siempre que vamos por ahí nos invitan a todo. Tampoco sé cuantas horas estarían cocinando pero lo que sí sé es que estuvimos más de 4 horas comiendo, y bebiendo. Comimos tanto que tuvimos que hacer una pausa de 20 minutos a mitad. Un montón de platos de aperitivo que ya valían por dos comidas más tres platos principales. Todo ello aderezado por chupitos de palinka cada dos por tres, varias botellas de vino y una sandía a la vinagreta, un cachondeo de idiomas y el padre echando chistes después de cada chupito de palinka. Antes del postre, ronda de pulsos tumbados en el suelo contra el padre. Ninguno le pudimos.

Después de la maratoniana comida nos fuimos de bares. Estuvimos en uno de salsa, que creo que se llamaba Salsa, que no estaba mal, si te gusta la salsa, claro está. Al cabo de un largo rato decidimos cambiar de ambiente cansados de tanta salsa. Creo que como españoles esperaban algo más de nosotros. Se quedaron Cristi, la novia y amigos. Alina nos acompañó a una mini-maxi-discoteca que me recordó al Divino de Albacete llamada Twice. Estaba bien si te gustan esos garitos. A nosotros no nos gustó y además tuvimos que pagar para entrar.

El domingo nos levantamos tarde y fuimos a comer al McDonald's. Yo estoy totalmente en contra de comer en el McDonald's e infinitamente más en contra cuando te vas de viaje a un país extranjero. Pero Juan tenía ya mucho mono y la situación amenazaba con ponerse peligrosa, así que accedimos. Luego quedamos a tomar té con Alina y a comprar unos regalos a tiendas de recuerdos. Rematamos el día bebiendo cerveza en un bar de niños-pijos, uno de los sitios más caros de Bucarest. Fue sin querer, lo prometo.

El lunes vuelta a casa.


Consejos para el viajero Bucarestino

Si viajas a Bucarest, al aeropuerto de Otopeni, habrás oído decir que tendrás taxistas esperándote y que no debes fiarte de ellos. Es verdad, al menos lo primero. Ignóralos y ve al autobús línea 783 que te lleva al centro de Bucarest. Y ahora el consejo: la parada del autobús está en la planta de abajo y el billete de ida y vuelta hay que comprarlo antes de montar al autobús en una especie de kiosquillo que hay al lado por algo más de un euro (3 lei).

Hostales. En Bucarest el Midland Youth Hostel no lo recomiendo para más de un día. Es barato pero incómodo, aunque está en buena zona. No os dejéis impresionar por su página web. En Brasov, el Rolling Stones no está mal, pero es muy difícil de encontrar si no sabes exactamente dónde está y no llevas plano. Si ese es tu caso y vas en coche, lo mejor es aparcar en la plaza de la iglesia de San Nicolás (la gente te dirá dónde es) y luego ir andando hasta la calle del hostal que está al girar una esquina con una bar llamado Dodo (una "bodega" muy típica).

Alquilar un coche es la forma más cómoda de moverte por allí. A pesar de lo que oigas, las carreteras principales están muy bien y las más rurales no tanto, pero no mucho peor que las de aquí. Sólo ten en cuenta que los rumanos adelantan y caminan por el arcén jugándose la vida.

Si viajas por lo pueblos, ten cuidado con los osos. Nosotros tuvimos suerte que nos avisó Alina. No salgas del entorno urbano por la noche y si tienes la suerte de encontrarte con un oso, dicen que lo mejor es correr cuesta abajo o, como cuenta la leyenda que hizo el padre de Alina, gritar para asustarlo. Hacerse el muerto no creo que sea buena idea porque los osos pueden comer carroña si tienen hambre.

En algunos sitios se pueden autocobrar la propina. No es normal y sólo lo hacen con los extranjeros. Estas en tu derecho de montar el pollo.


Curiosidades

Palinka es una bebida típica de la zona Hungría-Rumana. Es una especie de orujo de ciruelas. Es bastante bueno al paladar y sólo tiene 50% alcohol.

En Rumanía las monedas prácticamente no se usan. Son como los céntimos. El billete más pequeño vale 1 leu que son unos 30 céntimos.

Los gitanos de Rumanía son iguales a los de aquí.

Si visitas Bucarest (esto es aplicable a muchas ciudades del este de Europa) y te haces con un plano, verás muchos barrios de calles paralelas a los que nosotros bautizamos como "barrios peine" por la forma que tienen vistos desde arriba. Estos barrios están constituidos por bloques de pisos idénticos de la época comunista. Son todos iguales, grises, de cemento, poco llamativos. Cuando le preguntamos a Alina a qué zona ir en Bucarest, nos dijo que a los barrios peines no. ¿Por qué no?. Porque no. No hay nada que ver...

A pesar de mis esperanzas, no vi ningún water comunista.

Aunque se ve mucho desarrapado por la calle. No vimos gente mendigar ni pedirnos dinero.

En rumano "bodega" se usa para los bares muy pequeños donde van los abuelos a beber. Lo que aquí llamamos "bar de abuelos".

En Bucarest la venta callejera, o es un problema serio, o es que es legal. Se vende de todo. Un hombre hasta intentó vendernos un coche de juguete el primer día.

El castillo de Drácula no existe. En el castillo de Bran, no hay ni una sola referencia a Vlad Tepes a pesar de que en el pueblo sí las hay.

El rumano es bastante legible. Escucharlo es imposible, pero leyendo te puedes defender bastante bien. Importante llevarse un mini vocabulario para las comidas. Cuidado con "salat" que no es la ensalada que conocemos aquí, sino un plato generoso de tomates, pimientos y pepinillos en salmuera.

En Bucarest el rango de "nivel de vida" en muy amplio y bastante mezclado. En un bar te pueden cobrar menos de un euro por medio litro de cerveza y en el de al lado tres euros por un tercio. Ve con ojo.

La cantidad de cojos que vimos en Rumanía es exageradamente alta. ¿Tendrá algo que ver con su costumbre de andar y cruzar por las carreteras?

Es posible cruzar Bucarest de punta a punta sin pisar el suelo, sólo yendo por encima de los coches aparcados.

Exceptuando las avenidas principales, la iluminación nocturna de las calles es inexistente de no ser por los letreros y escaparates.

14 noviembre 2008

Destino Rumanía

Muy buenas fieles lectores.
Casi cometo la imprudencia de irme sin avisaros, aunque tampoco os daríais cuenta si estoy una semana sin escribir. Pues resulta que el martes de madrugada me voy una semana a Rumanía con Carlos y el Rus. Al final nos vamos sólo los tres, cansados tras meses mandando emails para animar a la gente.
A pesar de todos mis intentos de ir a Rumanía en un autobús de rumanos, al final vamos en avión hasta Bucarest, pero es que valía 48€ ida y vuelta y el autobús sólo de ida ya vale el doble.


No está muy claro el objetivo del viaje, a parte de viajar sin más. No hemos buscado mucha información ni nada de eso que hacen los que preparan los viajes al detalle. A nosotros nos gusta que haya una buena parte de improvisación para disfrutar del momento en toda su plenitud.
Supongo que iremos a ver el castillo de Drácula aunque creo que es una chufa sólo para turistas. Comeremos y beberemos lo típico de aquellas tierras y patearemos Bucarest a lo ancho y a lo alto.

País a país vamos extendiendo nuestros destinos hacia el este. A pesar de lo que me ha dicho la gente que ya ha ido a Rumanía, dudo que me sorprenda o impresione las peculiaridades rumanas. Quizás al año que viene cuando nos toque Ucrania...
Aun es pronto para echar por tierras las leyendas urbanas de Rumanía, las dejaré para cuando vuelva.

Nos vemos. La revedere.