Hola de nuevo.
Ya he terminado Danza de
dragones, pero no me ha producido una gran sensación, así que pasaré de
comentarlo. El que sí leí hace poco y me gustó bastante fue La tabla rasa, de
Steven Pinker. Es un libro medio de psicología medio de neurociencia. Bueno, yo
le digo neurociencia a cualquier cosa que explique cómo funciona el cerebro,
aunque sería más apropiado hablar de ciencia cognitiva o algo así, me pierdo un
poco con los términos, la verdad. Lo que sí sé seguro es lo que pone en la wikipedia sobre el señor Pinker: psicólogo experimental,
científico cognitivo, lingüista y escritor canadiense. Yo quería en principio
leerme un libro suyo titulado Cómo
funciona la mente, pero no sé muy bien porqué, acabe leyendo La tabla rasa.
En este libro, Pinker desmonta y desmiente
la teoría de la tabla rasa, aquella que dice que el cerebro de los seres
humanos es, al nacer, como un libro en blanco donde cualquier cosa puede ser
escrita y que todo conocimiento y habilidades vienen de fuera, a través de la
experiencia, de lo que llamamos cultura. Vamos, que la cultura lo es todo y que
no existe una naturaleza humana innata.
Primero va exponiendo de dónde surge esta
teoría y por qué hasta hace unos diez años (el libro está escrito en 2001) se
fue afianzando en la mentalidad colectiva. Va exponiendo las ideas de diversos
autores, teorías y ejemplos para luego destruirlos sin piedad y reducirlos a la
nada. A mí me resultó casi más interesante la introducción de cómo la teoría de
la tabla rasa cogió fuerza que su negación, ya que a mí nunca me convenció.
Por otro lado, en el proceso de destrucción
de la teoría de la tabla rasa, Pinker tiene que desmentir también otras dos
teorías en las que la tabla rasa de sostiene: el fantasma en la máquina y el
buen salvaje. La primera viene a ser la idea de que existe un yo inmaterial
ajeno al mundo físico, llámesele espíritu, alma, ente o como se quiera. Y la
segunda viene a decir que el hombre en su estado primitivo es esencialmente
bueno y que todos los males son originados por lo que aprendemos, que según la
tabla rasa es externo a nosotros y por lo tanto, puede cambiarse.
Bueno, no me enrollo más. El libro es muy
largo y el estilo de Pinker a veces resulta pedante en demasía, no obstante,
son muchas las ideas que se tiran por tierra en este libro y merece la pena
leerlo. Me pareció especialmente interesante el capítulo donde destruye la teoría
derivada de la tabla rasa que predica que los estímulos que se presentan a un
bebe durante sus tres primeros años de vida marcarán su personalidad e
inteligencia. Algo que es totalmente elucubrado sin fundamento alguno, pero que extrañamente ha calado muy
profundo en el ideario colectivo.
¡Un saludo!
