Yo, cansado ya de los aburridos viajes por la vieja Europa, no lo pensé ni un momento y acepté.

Tras resolver los miles de papeles de visados, de los que ya hablaré en otra ocasión porque merece un post aparte, me puse a buscar vuelos hacia Thimphu, aunque resultó más sencillo y rápido ir directamente a Paro.
Resumiendo: antes de darme cuenta, estaba en un avión camino de Paro, haciendo escala en Amsterdam y Nueva Dheli.
En Bután el inglés es idioma oficial, pero ya advierto al viajero que si no conoce a nadie allí lo mejor que puede hacer es contratar a un guía nada más llegar, porque la oficialidad llega hasta dos manzanas de los hoteles "principales".
Como diría el Tonaka, Bután no mola.
En Bután lo que hay son montañas y más montañas, y lo que hay que ver son templos de monjes que, ¡sorpresa!, están en lo más alto de las montañas. Jamyong había organizado con unos amigos una excursión de dos días al monasterio Taktshang, "el nido del tigre", que es el monasterio más famoso y turístico de por allí y que está a unos 3000 metros de altura.
Por lo tanto nos pasamos TODO el sábado subiendo la montaña de los huev... de vez en cuando había casitas de habitantes de la montaña que no me quedó muy claro de qué vivían o a qué se dedicaban. Pero lo cachondo fue cuando llegamos al monasterio. Un monton de chinos sentados en la puerta, digo yo que sería del reviente de subir, porque yo estaba muerto. También había varios turistas mirando a todos los lados con cara de panolis: ¡No se podía entrar al templo!
Según me dijo Jamyong la gente iba allí a pasar la noche meditando en la puerta.
Cerca había una especie de "Bed&Breakfast" al estilo butanesco: dos cabañas de madera para pasar la noche y una señora que rondaría los 1000 años que preparaba una sopa por la mañana. Lo que salvó a Jamyong de morir a manos de su amigo europeo (yo) fue cuando sacó de la mochila una botella de Baijiu, una especia de vodka chino que a mí me recordó al sake, pero más fuerte. Y se ve que el alcohol es como los donetes, es abrirlos y empezar a hacer amigos.
La verdad es que las cabañas por dentro estaban súper bien acondicionadas y toda la gente que decidimos no meditar hicimos una fiestuqui: los amigos de Jamyong y tres franceses que conocimos allí que estudiaban chino y estaban unos meses viajando.
En el "botellón" tuve un memento de cuando estuve en Munich con el Charmander y sus compañeros polacos con la conversación a cuatro bandas, esta vez la situación fue:
Los amigo de Jamyong - hablaban entre ellos su idioma butanés, dzongkha para los amigos, y en mandarín con los franceses.
Jamyong - hablaba en dzongkha y en mandarín con sus amigos, en mandarín e inglés con los franceses y en inglés conmigo.
Los tres franceses - hablaban en francés entre ellos y en mandarín con el resto menos conmigo.
Yo - que trístemente sólo hablaba en inglés con Jamyong y los franceses.
Henos aquí bebiendo una botella de Baijiu entre todos (menos dos de las chicas y Thomas). De izquierda a derecha, Xiangi, Huan y Shu (no estoy seguro de que se escriban así, le pediré confirmación a Jamyong), Jamyong, Marie, André y Thomas.Al día siguiente se puso de manifiesto que todo lo que sube tiene que bajar. Así que otro día ENTERO bajando la montaña. Aunque bajar se hizo infinitamente más llevadero, siguió siendo un reviente.
Yo bajando del monasterio Taktshang. Estas casas nada tienen que envidiar a las casas colgantes de Cuenca. Aunque no lo parezca, tengo una resaca considerable del vodka venenoso.Conclusiones: más de dos días de viaje entre ida y vuelta + dos días subiendo y bajando montañas en el Himalaya + una botella de vodka chino entre 5 = Bután.
P.D. El que no viaja es porque no quiere.





















