Muy buenas.
Ya me he leído la segunda parte de la trilogía Milennium que tiene el largo título de
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Otra traducción extraña del título original (
Flickan som lekte med elden)
la chica que jugaba con fuego. ¿Quién y por qué traduceninventan estos títulos?.
Sin embargo esta vez el título en inglés (
The girl who played with fire) es fiel al original. Se ve que aprendieron la lección del
primer libro. Que si que fue buena liada.

Sólo con decir que el libro tiene 750 páginas y lo leí de domingo a jueves, ya queda claro que el libro engancha. La intriga, la investigación y la trama están a la altura del primer libro.
No obstante, este segundo libro es mucho peor que el primero. Me ha parecido que está menos trabajado porque hay muchísimas cosas superfluas e irrelevantes con la historia. Hay personajes y minitramas que si simplemente se eliminasen la historia no perdería absolutamente nada.
Una de ellas, la que menos me ha gustado, es que un personaje resuelve el teorema de Fermat. Y no me ha gustado por que sea absurdamente imposible, sino porque no aporta nada a la historia, está de pegote. Además durante el principio del libro (menos mal que es sólo durante el principio) se "intenta" explicar cosas de ecuaciones que quizás a un lego le parezca la repera, pero para el que recuerde mínimo de matemáticas, nivel de 8 de EGB, es lamentable, tanto que pensé que como todo el libro fuese así, el que iba a soñar con gasolina era yo, para quemarlo. Afortunadamente las tonterias de las ecuaciones de desvanecen misteriosamente al poco de empezar el libro.
Mi teoría es que como el Stieg Larsson murió después de entregar los manuscritos al editor, o bien no pudo terminar de ajustar el libro, o bien el editor le ha "añadido" estos ingredientes pensando que le darían más jugo a la historia. Si es así, ¡yo te maldigo!
Y para dejar constancia de que mi teoría no carece de fundamentos, aquí os dejos un cacho de un artículo de El País:
Por desgracia, no llegó a verlo. Stieg Larsson murió víctima de un infarto masivo el 9 de noviembre de 2004, con tan sólo 50 años, cuando ya había terminado las tres primeras novelas de la saga y acababa de cerrar con la editorial Norstedts el acuerdo para publicarlas. Todas ellas vieron la luz póstumamente, entre 2005 y 2007, generando una riada de coronas en derechos de autor que al morir Larsson sin hacer testamento ha ido a parar a sus herederos legales: su padre y su hermano, Erland y Joakim. Y aquí está la historia detrás de la historia, casi tan impactante como las propias novelas: Larsson, que percibía unos modestos ingresos como redactor jefe de la revista Expo, dedicada a investigar movimientos de intolerancia organizada, llevaba 32 años unido afectivamente a una mujer, Eva Gabrielsson, con quien no había llegado a casarse, entre otras razones, para preservarla de las amenazas que recibía a causa de su trabajo. Eva, que compartió la vida y las penurias del autor, manteniéndose a su lado hasta el día de su muerte, se vio de repente sola y sin derecho, por carecer de vínculo conyugal, a percibir un solo céntimo de los jugosos beneficios generados por los libros a cuya gestación había asistido desde el principio. La situación no sólo produce asombro, sino que resulta paradójica, habida cuenta de la declarada militancia de Larsson a favor de los derechos de las mujeres. Gabrielsson dice que ha sido vilmente marginada por unos familiares con los que el difunto apenas mantenía relación y que sólo están interesados en cobrar el dinero, para lo que no han dudado en consentir incontables manipulaciones y alteraciones en los textos y una abusiva explotación comercial de la obra más allá de la voluntad del autor, incluida la cesión de derechos audiovisuales a una productora que ya está rodando la primera película basada en la saga.
A estas acusaciones se oponen tajantemente los editores, que sostienen que en todo momento han procedido en la edición y la explotación de la obra conforme a los deseos que el autor manifestó antes de morir, y que el asunto de la herencia es una cuestión familiar en la que no pueden inmiscuirse, debiendo limitarse a tratar, a efectos contractuales y económicos, con los herederos legales. En cuanto a éstos, Erland Larsson se defiende alegando que no han hecho sino ejercitar los derechos que la ley les concede, que es una falsedad que mantuviera con su hijo una relación distante, y que si no han llegado a un arreglo con Gabrielsson ha sido por el "carácter difícil" de ésta y porque no admitía otra solución que ser ella quien dirigiese todo, cuando no se encontraba en condiciones psíquicas para hacerlo.
Como ya le dije a mi primo, lo mejor del libro es la historia de la vida del autor.
Ahora a esperar que publiquen el tercero.
Nos vemos.