Ayer pasé a engrosar la numerosa e impopular lista de a los que les han robado la bici. Así es, amigo mío. Me robaron la bici estando encadenada enfrente de mi casa. Es verdad que en parte fue por mi imprudencia al dejarla sola mientras me iba al cine de verano a ver Hellboy 2.
Todo empezó por tu culpa, como siempre. Me dijiste "vete a la playa en bici" y yo te hice caso. Al volver quería subirla a casa pero me dijiste "no, déjala aquí y esta noche te la llevas al cine de verano". Y luego, por circunstancias ajenas a mi voluntad acabé yendo andando al cine, y en vez de subir la bici antes de ir pensé "bueno, luego al volver la subo". Al volver, la cadena en el suelo delataba a gritos el robo.
Ahora me alegro de haber comprado la bici más barata de Carrefour, bueno, también me alegré al comprarla. Sabía que antes o después me pasaría, de hecho, me sorprende que haya durado tanto. Otra vez me culpo a mí mismo por disponer sólo de una triste cadena con un minúsculo candado que, al igual que cerrar una maleta con candado, sirve de bien poco.
Mi ex-bici se venderá seguramente el domingo en el mercadillo ilegal que se monta, antes del mercadillo legal, en Mestalla. Sólo espero que al próximo dueño, un guiri seguramente, le haga tan buen papel como me lo hizo a mí. De momento voy a arreglar la bici que tenemos en el piso cogiendo polvo, y más adelante ya veré si me compró otra bici baratera. Eso sí, esta vez con una buena cadena.










