El viaje no ha estado nada mal, se ha aprovechado el tiempo al máximo. Como dice Vicentín: ¡Siempre a tope, 5.0!
Para empezar, y como respuesta al post anterior, me fui al botellón del Galileo donde aguanté con el Tsuba y CIA hasta el final del mismo, que otra cosa no hará (actualizar el blog, por ejemplo) pero lo que es rapiñear en botellones, el Aitor lo hace muy bien. Pues dejé el botellón sobre las 4 y media con un nivel de alcoholemia bastante respetable, pero sin llegar a la borrachera, que ya somos mayorcitos para controlarnos. Me fui a mi casa, duchita fría y al poco cogí el taxi para el aeropuerto. Avión a Madrid y trasbordo en la T4 hacia Munich. Solo dormí medía horita en el primer avión y una en el segundo mientras aguantaba las bromas de mi jefe y mi compañera. El resto de día de aquí para allá y de allá para aquí cargado con el ordenador y la maleta de abuela que suelo llevar a estos viajes.Pues aunque no te lo creas, no estaba cansado. Después de la siesta del segundo viaje me levante fresco como una rosa.

Para más demostración de que es perfectamente posible la vida con escasas horas de sueño, tenemos mi viaje de vuelta, más de lo mismo. Fiestecilla en la universidad con el Charmander y un amigo suyo. Y esta vez el nivel de alcoholemia fue mayor, gracias en parte al vodka Gorbachov al que nos invitó amigablemente Michel (léase "misel"), el compañero polaco del Charmander.
Y por la mañana (7:30) arriba que nos volvemos a España en plena forma. Hay 3 razones por las que me levanté con alegría, o bien porque no tenía más remedio:
1 - Me tenía que volver a España.
2 - El Char se iba ese día de excursión a Salzburgo.
3 - Dormir en el suelo (como me tuvo a mí y a su amigo Lope) no es que fuera muy cómodo.
Entre medias tuvimos la reunión en SIEMENS y fiestecilla con los Erasmus españoles en Munich, pero de eso ya hablaré otro día. O no.




